Stablecoin Conference 2025
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Las stablecoins ya no son tendencia, son infraestructura. Te explicamos por qué las empresas que no lo están viendo así podrían quedarse atrás más rápido de lo que esperan.
junio de 2026

Este es el tercero de una serie de artículos sobre el pasado, presente y futuro de las stablecoins como infraestructura de pagos globales. Te recomendamos leer el anterior.
En el primer artículo de esta serie vimos cómo Bitcoin prometió revolucionar los pagos y terminó convirtiéndose en oro digital. En el segundo, cómo las stablecoins tomaron esa promesa y la hicieron realidad. Ahora viene la pregunta que le importa a cualquier equipo de tesorería o finanzas: ¿esto es una tendencia pasajera o ya es infraestructura?
La respuesta corta: ya es infraestructura. Y las empresas que no lo están viendo así podrían quedarse atrás más rápido de lo que esperan.
No se trata de algo que sugieren los entusiastas de crypto. Los datos hablan solos. El volumen ajustado de stablecoins, es decir, las transacciones que representan actividad económica real (pagos, remesas, liquidaciones) y no especulación o movimientos automatizados, alcanzó $28 billones en 2025. Eso creció a una tasa compuesta del 133% desde 2023, según el reporte de Chainalysis The New Rails: How Digital Assets Are Reshaping the Foundations of Finance.
Para ponerlo en perspectiva: el mercado global de pagos transfronterizos mueve alrededor de $1 cuatrillón al año. Las stablecoins todavía son una fracción de eso. Pero si el ritmo actual se mantiene, los volúmenes de transacciones como pagos, remesas, etc., podrían igualar los de Visa y Mastercard combinados a partir de 2031.
Eso no es una proyección de un podcast de crypto. Es el escenario base de uno de los proveedores de inteligencia blockchain más citados por reguladores y bancos centrales del mundo.
Aquí está el argumento concreto, sin rodeos. Los sistemas de pagos tradicionales, incluyendo la red de corresponsalía bancaria que mueve la mayoría del dinero internacional, fueron diseñados para otra época. Procesan en lotes, en horarios definidos, en días hábiles, a través de cadenas de intermediarios que cada uno suma latencia, costo y opacidad.
Las stablecoins no funcionan así. Liquidan en segundos. Operan las 24 horas, los 7 días, sin importar si es feriado en Nueva York o fin de semana en Londres. Y no necesitan intermediarios entre quien envía y quien recibe.
Para un CFO o un equipo de tesorería, eso no es un detalle menor. Es la diferencia entre saber exactamente cuándo llega un pago y administrar la incertidumbre. Entre conocer el costo antes de ejecutar una transferencia y descubrirlo después, cuando ya está incluido en un spread cambiario que nadie desglosó.
Además, las stablecoins son programables. Se pueden integrar en ERPs, en plataformas de tesorería, en flujos de aprobación automática. Eso elimina la intervención manual en procesos que hoy dependen de personas enviando instrucciones bancarias por correo.
Lo más revelador no son los datos de volumen. Son las decisiones que están tomando las empresas que controlan la infraestructura de pagos global.
Stripe adquirió Bridge, una plataforma de infraestructura de stablecoins. Mastercard se asoció con BVNK para integrarlas en su red. PayPal lanzó su propia stablecoin, PYUSD. Visa construyó infraestructura de liquidación on-chain.
Estas no son apuestas de startups. Son movimientos estratégicos de las empresas que hoy procesan la mayoría de las transacciones del mundo. Cuando Stripe, Mastercard y Visa se mueven en la misma dirección, vale la pena preguntarse por qué.
En el frente regulatorio, la imagen también se aclaró. Estados Unidos aprobó el GENIUS Act, que crea un marco federal para emisores de stablecoins. La Unión Europea implementó MiCA. Hong Kong aprobó su propia legislación. La regulación no frenó la adopción, la aceleró, porque le dio certeza a actores institucionales que esperaban señales claras antes de moverse.
Para empresas latinoamericanas que mueven dinero hacia o desde Estados Unidos, Europa o Asia, el contexto es especialmente relevante.
La región históricamente ha pagado un precio alto por operar internacionalmente: costos elevados, tiempos impredecibles, poca visibilidad. Los rieles de liquidación digital que soportan las stablecoins ofrecen una alternativa concreta a eso. Pagos en minutos en lugar de días. Tarifas conocidas de antemano. Sin sorpresas en el tipo de cambio.
No como algo que viene en el futuro. Como infraestructura disponible hoy.
La historia de los pagos tiene un patrón que se repite: los que adoptaron transferencias electrónicas antes que sus competidores ganaron eficiencia. Los que resistieron la banca móvil perdieron terreno. Las stablecoins no son una excepción a ese patrón.
El reporte de Chainalysis lo dice directo: las instituciones que construyan para esta realidad ahora estarán posicionadas para definirla. Las que esperen podrían terminar liquidando en infraestructura ajena. La pregunta para cualquier ejecutivo que mueva dinero entre fronteras no es si esto es relevante. Es si su organización está lista para aprovecharlo, o si va a esperar a que sea la norma y la ventaja ya haya desaparecido.
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